La Mesa de la Iglesia de Parinacota

Iglesia de Parinacota

Dice la historia popular que en el pueblo de Parinacota, una mesa anunciaba la muerte.

La muerte rondó innumerables veces las calles de Parinacota, como viento frío por los muros del pueblo, como la muerte misma.

Aquella mesa poseída por quien sabe quién, se aparecía frente a la casa de algún vecino.

Cuentan los moradores que desde tiempos remotos, vieron aparecer una mesa justo frente a la casa de algún vecino, el cual pronto sufriría la pérdida de uno de sus seres queridos.

Don Félix Calle uno de los vecinos del pueblo de Parinacota nos relata:

“Yo le voy a contar, no lo sé todo, pero todo lo que sé de la mesa, se lo voy a contar. La mesa cuando va a morir alguien, sale a caminar, camina y si ustedes la ven, si la encuentran se convierten en burro o en perro, en lo que sea…”. “Pero si ustedes no se encuentran cuerpo a cuerpo, verán la mesa prendida de cuatro velas y el que va a morir va a parar en el centro agarrá de una vela. Llegaba a las casas y la persona que va a morir, la mesa, a esa casa visita, y se viene con el alma…”

¡Ay Mensajera de la muerte, tanto dolor causaste con tu endurecido corazón de madera!

Las apariciones de la mesa continuaron sucediéndose.

Don Cipriano Morales Huanca, vecino del pueblo de Parinacota y cuidador de la Iglesia de Parinacota, nos relata:

“La mesa ésa…la han visto la gente antigua…por ejemplo, mi abuelita o mis abuelitos, la habían visto salir pa’fuera, eso me contó mi mamá, yo le pregunto a mi mamá por qué está amarrá esa mesa, entonces mi mamá me contesta, esa mesa la han visto nuestros abuelitos y tus abuelitos, salió para afuera con cuatro velas a medianoche a robar el espíritu de una persona que está durmiendo y al poco tiempo se moría la persona ésa…De ahí la amarraron de una pata”.

Hoy, la antigua mesa continúa amarrada al pilar izquierdo frente al altar de la iglesia de Parinacota.
El curioso desgaste del pilar al que se encuentra atada y sus patas ya muy gastadas, parecen delatar su permanente intención de escapar.

Don Cipriano Morales nos relata:

“Nunca se usó esa mesa me dicen y apareció con las patas gastadas, salía a caminar, dicen, y si usted la ve, están gastadas las patas”.

Don Félix Calle nos afirma que:

-Ahora la mesa, siempre sale a caminar. Igual camina, las patas están gastadas”.

-No se fijaron ustedes? –Nos reitera-, Las patas se le fueron gastando y con el tiempo se va a gastar más puh, y eso nadie lo cree”.

La Mesa de Parinacota atada al pilar izquierdo del altar, con una soga

Los frescos pintados en los muros de la iglesia de Parinacota, muestras de profana religiosidad, fueron testigos de todo lo que ahí ocurrió.

Esas mujeres sonrientes que arden en el infierno vieron burlonas cómo ingresaban la mesa por aquéllas puertas centenarias, los soldados españoles que cargan la cruz de Cristo, han sido sus carceleros.

Don Cipriano Morales Huanca, cuidador de la iglesia e integrante de una de las tres únicas familias que viven en al actualidad en Parinacota, cumple la labor de observar y vigilar que esta mesa no se arranque, ni vuelva a asolar los hogares de este tranquilo pueblo.

Nadie puede asegurar hoy en día, que esta mesa no es aún correo de la muerte.

Lo cierto es que nadie ha desafiado a esta leyenda, desatando sus amarras y dejándola al libre albedrío.

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